27 de febrero de 2012

EL ACORAZADO POTEMKIN (1925)

“El movimiento caótico de una masa, dentro del movimiento rítmico de los soldados. Un aspecto del ritmo del movimiento (el agolpamiento de la gente), dentro de la siguiente escena del mismo tema del ritmo del movimiento (el cochecito rodando). Movimiento hacia abajo dentro del movimiento hacia arriba.”


File:Vintage Potemkin.jpg  

Estas palabras del mismo Eisenstein resumen técnicamente la escena de las escalinatas de Odessa, una de las más famosas de la historia del cine… secuencia obligada en todo curso de historia del séptimo, arte, utilizada por múltiples cineastas posteriores y citada por doquier, cual si se tratase del momento en que Aquiles se efrenta a Héctor, cuando Edipo se arranca los ojos en el cimas de Edipo Rey… como si nos halláramos presenciando alguna de las anécdotas de Dante en La Divina Comedia, ante Hamlet en su más afamado soliloquio, o vislumbrando al Quijote embistiendo contra los molinos de viento. La guardia real avanzando ordenadamente hacia abajo, disparando contra la desarmada muchedumbre que se desespera por bajar, produciéndose accidentes por todas partes, sólo para estrellarse con el cuerpo de caballería cosaco que la sigue amedrentando con sus sables. Un dramatismo que se adelantó a toda una época y que en la segunda década del siglo XXI aún se observa con admiración, constituyendo un punto de referencia no sólo para el conjunto de obras dramáticas, sino también para el cine documental, porque se trata de una obra en la que los límites entre éste y aquél, no son suficientemente claros. Y ello es precisamente uno de sus puntos fuertes y mágicos.
En realidad, la primera intención de Eisenstein era crear un largometraje de varios capítulos que narrase la revolución de 1905, pero finalmente terminó concentrándose sólo en uno de los sucesos que acontecieron en aquel año: el motín ocurrido en el acorazado Potemkin, en las aguas del Mar Negro. Trató de ser de lo más realista posible, rodando en escenarios naturales, utilizando las mismas escaleras de Odessa, punto de enlace entre el antiguo puerto y la ciudad, así como los exteriores marítimos del acorazado Doce Apóstoles, gemelo del anterior. Pero finalmente, no fue el argumento de la obra lo que llamó la atención de todo el mundo, sino la forma como se presentó… y paradójicamente, pese a ello, sería prohibida en varios países precisamente por la temática, al punto que en Alemania sólo a duras penas se consiguió el permiso de proyectarla, con la condición que no fuera vista por soldados o marineros.
La película está dividida en cinco partes, tal como se acostumbraba en el cine soviético y tal como el mismo Eisenstein lo había experimentado en Strike unos meses antes. En la primera se incuba el motín dentro del barco, a partir de una comida en mal estado que se le proporciona a la tripulación, saltando a la vista los close ups a la carne llena de lombrices, en donde más que mal gusto, se quiere representar a una sociedad imperial carcomida por los gusanos. En la segunda parte aparecen los diversos aspectos que caracterizan a este tipo de películas: surge un personaje, Vakulinchuk, líder natural del amotinamiento, pero más que tratarse de una personalidad shakesperiana, es meramente un símbolo de la masa, del “proletariado del mar”, tal como Lenin describía a los marineros y pescadores. El comandante y su segundo al mando constituyen los emblemas de la autocracia zarista, mientras que el sacerdote ortodoxo es sinónimo de estupidez, candidez, esclavitud moral. Ninguno es protagonista, pues el rápido montaje determina secuencias veloces, pero por encima de todas resalta aquella en la que se percibe toda la proa de la nave, en donde se desarrollan los acontecimientos principales; allí, sin rostro alguno en especial, Eisenstein masifica todo… el idnividuo no es nada en medio de la sociedad.
La tercera parte se abre con una escena idílica del amanecer en el puerto de Odessa. El espectador distingue barcos en medio de la neblina y las sombras… una especie de metáfora respecto al hecho que la población está dormida, ignorante de lo que ocurre, de la crisis del régimen que los gobierna. Pero todo cambia cuando el cadáver del líder de la sedición es colocado en los muelles para que todos lo aprecien y se solidaricen con los marineros. Y así sucede, justo antes de que se inicie la gran escena de las escaleras. Una vez más tenemos al pueblo ruso como un todo, frente a una soldadesca represora cuyos rostros jamás se muestran, como si se tratara, más que un grupo social, una simple máquina al servicio de la tiranía zarista. Sin embargo, en esta excepcional toma, Eisenstein realiza algunos cambios con relación a la población indefensa, al revelar a través de tomas cerradas a algunos personajes particulares: un joven sin piernas, pero muy ágil para bajar las escaleras; una joven estudiante que se manifiesta aterrorizada al descubrir a la guardia que los apunta; una madre enloquecida al ver como su niño cae y es atropellado por el gentío y que luego no duda en encarar a los soldados y ser abatida; un hombre de levita que cae; una anciana que intenta salvar a quienes están a su alrededor, pero que es alcanzado en el ojo (su grito silencioso en un close-up es sumamente desgarrador. La ira, la impotencia, la sorpresa, el dolor, el miedo, el terror… tantas emociones para las que basta sólo una cara para que las ilustre a la perfección. Pero es el cochecito con el bebé, cayendo pausadamente en un travelling impresionante, lo que marca la pauta de la escena y de toda la producción.
En la última parte, parece como si fuéramos a presenciar el desenlace de la historia a favor de la represión real, pero los buques de la armada le dan el pase al Potemkin, solidarizándose con los facciosos. La bandera roja coloreada presupone otra alegoría al triunfo del comunismo, con lo que el sentido propagandístico del filme queda patente y a la larga, poco importa si la dirección fue fiel a la verdad histórica. Así llega a su fin una de las mayores obras maestras de arte de todos los tiempos, una cinta que por diversos especialistas y organizaciones ha sido catalogada entre las diez mejores películas, un paso obligado para todo aquél que quiera descubrir la magia y la grandeza de la máquina de los sueños, parafraseando a Méllies. 

   

Duración: 75 minutos 
País: Unión Soviética
Género: Película histórica
Director: Sergei Eisenstein (1898 – 1948)
Reparto: Aleksandr Antonov (Vakulinchuk), Vladimir Barsky (comandante Golikov), Grigori Aleksandrov (oficial Giliarovsky), Aleksandr Levshin (otro oficial), Mikhail Gomorov (marinero Matiushenko).

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