24 de enero de 2012

STRIKE (1925)

"El poder de la clase trabajadora está en su organización. Sin organización de las masas, el proletariado no es nada. Organizado, es todo. Estar organizado significa unidad de acción... la unidad de la actividad práctica."


       

Con estas palabras de Lenin se inicia el primer largometraje de Sergei Eisenstein, considerado el primer gran director del cine soviético. Sin embargo, el cine en Rusia ya tenía una historia larga, que se remontaba a los mismos comienzos del cine a fines del siglo XIX, cuando los mismos Hermanos Lumiere lo llevaron a San Petersburgo y uno de sus camarógrafos rodó la coronación del Zar Nicolás II. Poco después abrieron salas de exhibición las casas francesas Pathé y Gaumont, incrementándose la producción que no tardó en competir con los filmes de Alemania, Francia, Italia e Inglaterra. Alexander Drankov fue quien produjo la primera película narrada rusa en 1908, Stenka Razin, un cortometraje de seis minutos que simbolizó el nacimiento del cine nacional ruso, al tratar del patriótico insurgente del siglo XVII; con una dirección muy primitiva, mostró sin embargo algunos efectos especiales que caracterizarían a este cine a lo largo de todo el siglo. Así, todo fue mejorando y hacia 1913 ya funcionaban 1400 salas y 18 empresas cinematográficas, al tiempo que se proyectaba la primera obra maestra, dirigida por Iván Mozhukhin, La defensa de Sebastopol. A pesar de ello, no había una promoción directa del estado, si bien el Zar contaba con su camarógrafo personal que filmaba películas “caseras”. Luego, con el estallido de la guerra, los cineastas se inclinaron por las obras anti-alemanas, muchas de las cuales exportaron a sus aliados occidentales; las cintas de Yákov Protazánov La dama de las picas (1916) y El padre Sergio (1918), ya estrenada después de la Revolución, han sido consideradas las mejores de la época prerrevolucionaria. Por otro lado, la actriz Vera Jolodnaya fue reconocida por todo el país debido a su gran cantidad de admiradores.
Con el asenso al poder de los bolcheviques, se vislumbró un cambio integral que quedaría patente en las palabras de Lenin: “De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante”, dando a entender que él y su partido ya tenían planeado educar a las masas a través de la pantalla grande. Y vaya que ocurrió así, porque los primeros filmes de la nueva era fueron netamente anti-zaristas y anti-capitalistas. La industria fue nacionalizada en 1919 y se creó una escuela destinada a formar técnicos y artistas. Fue como volver a nacer, pero pronto el número de salas creció, y dado que el control no era tan fuerte a inicios de los años 20’, hubo libertad y estímulo para la producción, siempre y cuando estuvieran acorde con la ideología especial. Este cine se caracterizó por un método de representación no naturalista, la experimentación y la búsqueda de construcción de conceptos desde el montaje. El realizador se exponía a sí mismo, quedando de ese modo evidente su mirada, al tiempo que se recurría mucho a las imágenes documentales y se exploraban todas las posibilidades expresivas.
En la nueva etapa surgieron renombrados directores a nivel internacional, como Lev Kuleshov, Vsévolod Pudovkin y Dziga Vertov. Pero empecemos con Sergei Eisenstein, el coloso destinado a imponer al cine soviético como uno de los más avanzados del mundo. Nacido en Riga en 1898 de padre judío-alemán y madre ortodoxa rusa, dicho matrimonio no prosperó; ella se marchó a Francia, mientras que el hijo ingresaba a la Escuela de Ingeniería Civil de San Petersburgo a estudiar ingeniería y arquitectura. Allí, empero, dicha vocación científica se vio sacudida con el descubrimiento de Leonardo Da Vinci y el movimiento renacentista italiano, e incluso le impresionó tanto un ensayo de Freud, que estuvo a punto de mudarse a Viena a aprender psicoanálisis con el profesor austríaco. Al final terminó por unirse a la Revolución y al Ejército Rojo en 1918, lo cual lo distanció de su padre, quien se refugiaría en Alemania, en tanto Sergei era transferido a Minsk, lugar donde aprendió japonés y ganó cierto renombre en el Teatro Kabuki. Ese mismo año (1920) se movió a Moscú, desenvolviéndose por primera vez en el teatro como productor y decorador; pronto sus experimentos en el escenario lo hicieron inclinarse por el implacable realismo del cine, realizando su primer corto El Diario de Glumov en 1923. Entonces emprendió un camino más solitario y se puso a trabajar para lo que sería su primer largometraje, Strike (1925).
Como era tradicional en esos tiempos, esta obra está dividida en seis capítulos que reflejan la historia de una huelga ocurrida en 1903 y su subsecuente liquidación. Naturalmente, el objetivo es presentar a los dueños de la fábrica y accionistas como seres intrigantes, que provocan todo a propósito con el fin de sacar mayores ganancias y tranquilizar la insurrección pasiva a través de una “paz del cementerio”. Por otro lado, también se desea exhibir a las fuerzas del orden zaristas como absolutamente inhumanas, capaz de atacar sin compasión a gente inerme e incluso, dar muerte a un pequeño arrojándolo desde un tejado. En fin, la propaganda pro-socialista del filme es incuestionable, pero lo que interesa acá es la forma como Eisenstein maneja todas estas cuestiones cinematográficamente, oponiendo el colectivismo frente al individualismo que imperaba en el cine occidental. Así, a pesar que hay muchos personajes nombrados, no es posible identificarnos con ninguno en particular… Si quisiéramos reducir los personajes, podríamos mencionar los siguientes: los trabajadores (incluyendo a sus esposas), las tropas zarista, los capitalistas, los espías y los niños, cada uno con un papel claramente definido. Esta clasificación se verá de manera más notoria en su gran producción del cine mudo, estrenada ese mismo año, El Acorazado Potemkin.
Otros aspectos son dignos de referir. Las tomas largas en las que vemos la cámara moviéndose a lo largo de un cuadro general son muy comunes, e incluso hay una escena en la que Eisenstein se sirve de un vagón de tren que va en semi-círculos para enseñar el momento en que los huelguistas se están organizando para una marcha. Son notables las escenas de violencia, editadas de forma que puedan ser proyectadas con un dinamismo de modo que una vez más, se impida brindar protagonismo a ninguno de los cientos de extras participantes… al punto que uno puede llegar a creer que se trata de un documental, y quizás ésa haya sido el designio definitivo del director y el régimen que lo respaldaba. Ataques con botellas incendiarias a los edificios, tumultos de masas enormes, disparos de los soldados, lanzamiento de agua en mangueras, azotes de los hombres a caballo y la matanza final son tomas que sumergen al espectador en un estado total de impotencia… las risas maléficas del jefe de la policía y el sarcasmo de los capitalistas ya no es necesario. Por último, Eisenstein utiliza magistralmente las metáforas, como cuando el presidente de la fábrica se limpia los zapatos con el papel de las demandas de los trabajadores, mientras él y sus colegas fuman y beben licor. No obstante, las comparaciones más precisas ocurren con los animales. Los espías, a fin de que pierdan el individualismo que en todo momento se busca anular, son nombrados con alias referentes a lechuzas, monos, perros, moscas, etc., de forma que son estos últimos los que quedan en nuestra memoria. Análoga situación ocurre con los niños comparados a patitos, gatitos, gansitos y todo tipo de animalitos inocentes. Y al final, en medio de la carnicería, presenciamos una escena brillantemente filmada de una res sacrificada, sólo comparable a lo que Francis Ford Coppola llevaría a cabo en Apocalypse Now (1979)… es justo allí cuando el sistema nervioso de la audiencia es tocado en lo más hondo y Eisenstein puede sentirse victorioso al ver cumplida su frase "de la imagen al sentimiento y del sentimiento a la idea".

     

Duración: 82 minutos 
País: Unión Soviética
Género: Histórico
Director: Sergei Eisenstein (1898 – 1948)
Reparto: Grigory Alexandrov (capataz), Mikhail Gomorov (trabajador), Ivan Klyukvin (revolucionario), Alexander Antonov (sindicalista), Ivanov (jefe de policía), Maksim Shtraukh (espía), Yudif Glizer (ladrona).

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